Cumple Donald Trump un año como presidente de EU mal y de malas

Desde el viernes 20 de enero de 2017, Trump tiene a los estadunidenses y al mundo entero a la expectativa debido a su carácter irascible, ha intentado gobernar a su país a través de su cuenta de Twitter

Redacción: Jesús Esquivel/Apro

Washington, Estados Unidos.- Sujeto a una investigación judicial y dos legislativas por su presunta colusión con el gobierno ruso, con la mayoría de los medios de comunicación en su contra, sin haber construido en la frontera con México el muro que prometió, con una sola victoria política y con una impopularidad rampante, Donald Trump cumple su primer año como presidente de Estados Unidos.

De hecho, llega al primer aniversario de su mandato con un país notablemente polarizado debido a sus polémicas decisiones en materia migratoria, fiscal, de política exterior, defensa, de comercio y economía.

“Dos de cada tres ciudadanos de Estados Unidos consideran que, desde que llegó a la Casa Blanca, Trump tiene dividido al país”, señala el resultado de la encuesta que llevaron a cabo la National Public Radio (NPR), PBS NewsHour y la firma de sondeos Marist.

Este sondeo llama la atención debido a que dos de esos medios, NPR y PBS, reciben financiamiento del erario estadunidense.

Desde el viernes 20 de enero de 2017 a la fecha, Trump tiene a los estadunidenses y al mundo entero a la expectativa debido a su carácter irascible, a sus polémicas decisiones, sus imprecisiones, ataques raciales y a su controvertido intento de informar y gobernar a su país a través de su cuenta personal de Twitter.

“Sin muro no hay acuerdo”

Trump asumió la presidencia de Estados Unidos con el compromiso de cumplir sus promesas de campaña. Dos de éstas han marcado su gestión: construir un muro en la frontera con México –que pagarían el gobierno y la ciudadanía mexicanos– y renovar o eliminar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) conforme a los intereses y condiciones de su gobierno.

Ninguna ha cumplido.

Su obsesión con el tema migratorio y con México, país al que etiquetó como “el número uno entre las naciones más peligrosas del mundo”, tiene el potencial de ensombrecer la celebración de su primer año de gobierno.

Hasta el cierre de esta edición (jueves 18), en el Congreso federal estadunidense se debatía un proyecto de ley presupuestal de corto plazo, que de ser rechazado provocaría el cierre de las actividades del gobierno de Trump y que, de ser aprobado, lo financiaría hasta el próximo marzo.

La disputa de la Casa Blanca con el Capitolio por el financiamiento del gobierno federal se centra en las condiciones impuestas por Trump al proyecto de gastos. Exige que incluya fondos para construir el muro en la frontera con México y que regule las leyes migratorias a su antojo.

Los demócratas –que son minoría en el Congreso– impusieron en el proyecto de gastos lo requerido por Trump, pero agregaron darle residencia permanente y posibilidad de ciudadanía estadunidense por naturalización a los 800 mil inmigrantes indocumentados acogidos por la Ley de Acción Diferida de los llegados en la Infancia (DACA), pero sin que eventualmente puedan solicitar la residencia permanente para sus padres o hijos menores de edad.

La medida demócrata, apoyada por algunos congresistas de la mayoría republicana, contiene los mil 600 millones de dólares solicitados por Trump para construir un muro en algún sector de la frontera con México, y más fondos para reclutar agentes migratorios y adquirir nueva tecnología enfocada a contener el tráfico de drogas ilícitas e indocumentados.

Ni Trump ni la mayoría de los republicanos aceptan la propuesta demócrata porque incluye los beneficios de DACA. En represalia, los demócratas rechazaron la contraoferta de la Casa Blanca de excluir los temas de cambios a las leyes migratorias y sólo dejar los fondos para el muro y la seguridad en la frontera sur.

“Sin muro no hay acuerdo”, subrayó Trump en un tuit que escribió el pasado jueves 18, dando a entender que estaba dispuesto a que el gobierno federal cerrara sus puertas antes que aceptar las condiciones demócratas.

La sombra del “Rusiagate”

Los diarios estadunidenses The New York Times y The Washington Post, y la cadena de televisión CNN –a los que Trump acusa de emitir “noticias falsas”–, hicieron un recuento de las mentiras y declaraciones falsas dichas por Trump en su primer año de presidencia: mil 316.

Las verdades a medias o mentiras de Trump son justo uno de los motivos por los que el Departamento de Justicia y los Comités de Inteligencia de la Cámara de Representantes y del Senado lo tienen bajo una investigación.

Antes de asumir la presidencia, en diciembre de 2016, Trump y los principales asesores de su campaña electoral ya eran objeto de una pesquisa que abrió el FBI para determinar si se coludieron con personajes vinculados a las autoridades rusas para socavar la campaña presidencial de la entonces candidata demócrata Hillary Clinton.

Las negativas y contradicciones del general Michael Flynn respecto de sus encuentros con emisarios de Rusia durante la campaña y después del triunfo electoral de Trump, no sólo le costaron el puesto como jefe del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca sólo 24 días después de ejercerlo, sino que obligó a los comités legislativos a abrir una investigación formal sobre este asunto.

Desde entonces, la sombra de la presunta colusión con Rusia persigue al presidente.

En mayo pasado despidió a James Comey como director del FBI. La razón: éste se negó a desechar la investigación de la supuesta injerencia de los rusos en la campaña electoral de 2016. Ello obligó al Departamento de Justicia, bajo el mando del procurador general de Justicia, Jeff Sessions, a designar a un exdirector del FBI, Robert Mueller, como fiscal independiente para investigar este caso, conocido como Rusiagate.

Mueller tiene la misión de determinar si Trump cometió el delito de “obstrucción de justicia” al despedir a Comey por desobedecer sus órdenes, algo que obviamente niega el presidente.

La lupa inquisidora de Mueller tiene entre la espada y la pared a la Casa Blanca. Durante el primer año de la administración de Trump, el fiscal independiente encausó judicialmente a cuatro funcionarios de su campaña electoral: al general Flynn, a Paul Manafort, director de la campaña; a Richard Gates, subdirector de la misma campaña; y a George Papadopoulos, asesor de asuntos de política exterior.

Se habla también de un quinto personaje y tal vez uno de los más importantes para las investigaciones de Mueller: Steve Bannon, exasesor de Estrategias Políticas de la Casa Blanca, a quien Trump corrió del puesto en agosto pasado.

Bannon cayó de la gracia del presidente a raíz de la publicación, a principios de enero, del libro Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump, escrito por el periodista Michael Wolff. Con base en opiniones de funcionarios de la Casa Blanca, el libro da a entender que Trump está incapacitado intelectualmente para dirigir a Estados Unidos.

El primer año de la Presidencia de Trump también se caracteriza por la carencia de triunfos políticos y por su insistencia en instrumentar órdenes ejecutivas ante su falta de capital político para cumplir sus promesas de campaña.

En 12 meses de mandato, Trump lleva firmadas 53 órdenes ejecutivas y sólo ha obtenido una victoria política: la aprobación en el Congreso de una reforma fiscal por 1.5 billones de dólares.

fhv

 

 

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